Felicidades papá

Hoy es el cumpleaños de mi padre. Pensaba que se caracterizaba por un pensamiento analítico, lógico y consciente, aunque ahora sé que posee una gran intuición. Sin embargo, creció sin darle valor —no la ve confiable—, lo válido es la coherencia y lo que se puede demostrar.

De todas formas, su voz interior le avisa cuando algo no va bien, quién no es de fiar, si una situación es peligrosa o simplemente incorrecta. Es esa voz que no habla con palabras, sino con sensaciones, y él le llama suerte.

Le gusta celebrar con toda la familia; si falta alguien, prefiere no hacer nada. Tiene una forma muy particular de hacernos reír: lo mismo envuelve un regalo pequeño en una caja gigante que nos emociona con lo que hay dentro antes de verlo. Una vez, hizo creer a mi madre y a mi tía que los Reyes Magos les habían traído un coche a cada una. La broma les llevó a la calle a buscar dónde estaban aparcados. Tras muchas risas, descubrieron dos coches, sí... ¡pero de juguete!

Graba vídeos, tal como hacía su padre. En aquellos años no era sencillo; mi abuelo tenía una cámara de cine de doble bobina con la que inmortalizó momentos que hoy son un auténtico tesoro. Gracias a esas imágenes he podido ver a mi abuela y a sus hijos de jóvenes.

Mi padre se caracteriza por una fuerte vocación de servicio. Ha sido sumamente trabajador, protector, familiar, honesto y leal. Siempre ha priorizado dar a los demás y le cuesta horrores recibir; pero la vida no consiste solo en entregarse, sino también en aceptar invitaciones, en dejarse ayudar y en comprender que cuidar implica ser cuidado. Como mi abuela, su comunicación es directa y sin filtros. Es de los que se guardan las emociones, aunque expresar lo que sentimos y soltar forma parte del bienestar.

Siempre me ha sorprendido que parezca saber hacer de todo. De pequeña le preguntaba cómo podía reparar la lavadora, hacer trabajos de fontanería o resolver una avería eléctrica sin haberlo aprendido antes. Él me respondía: «Ya está roto; ahora solo queda intentar solucionarlo».

Como contaba en la anterior entrada, su padre tenía otra frase que, de algún modo, resume la misma forma de entender la vida: «El no ya lo tenemos».

Él aprende a través de la experiencia, sin miedo a enfrentarse a lo desconocido. Ya sea colocar unas estanterías, construir una escalera o hacer zanjas en la tierra y plantar, cada reto es una oportunidad. Y esa es una de las lecciones más valiosas que me ha regalado.

Hay personas que llegan a nuestra vida para acompañarnos un tiempo y otras que se convierten en nuestras raíces. Me gusta pensar que los hijos no venimos para ser una copia de nuestros padres, sino para continuar el camino que ellos empezaron, comprendiendo que el amor habla diferentes idiomas y por eso en ocasiones no nos entendemos.

De mi padre, aprendo que la fortaleza no siempre hace ruido. A veces se encuentra en la constancia, en el trabajo silencioso, en estar presente incluso cuando las palabras no alcanzan.

Aprovecho hoy que es tu día para darte las gracias.

Si algo deseo para ti en este nuevo año es que la vida te siga regalando serenidad, salud y la alegría de ver todo lo bueno que has sembrado. A menudo los padres no llegan a conocer la profundidad de la huella que dejan en sus hijos; y yo me he propuesto que conozcas la tuya.

Que la luz siga acompañando tu camino y nunca olvides que eres profundamente querido.

Te quiero

Sandra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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