La pereza.
Imagine que su Gobierno le hace la siguiente propuesta: “ Le garantizamos un trabajo estable, sueldo digno, acceso a una vivienda y tranquilidad para el resto de su vida a cambio de renunciar al derecho al voto y dejar que un líder tome las decisiones por usted ”. Según macroencuestas recientes en Europa, casi el 40% de los jóvenes estaría dispuesto a vivir en un sistema autoritario si eso les garantizara una buena vida. En este contexto aparece una forma de cansancio: la pereza, entendida no como vagancia, sino como agotamiento y pérdida de dirección. Sin propósito, faltan razones para pasar el día con vitalidad. Al igual que en la política, cuando dejamos de tomar las riendas de nuestra vida, le entregamos el control a la inercia. Si una persona no sabe hacia dónde se dirige, la constancia deja de tener sentido y la existencia empieza a sentirse más difícil de sostener. La pereza necesita la ausencia de dirección para crecer; sin saber qué es lo importante, la energía se dispersa. El...