La cortesía cotidiana en tiempos de prisa.
Estos días estoy doblando turnos en el trabajo porque me quiero ir de vacaciones y, para poder hacerlo, ahora toca trabajar mucho. Tenemos horario de mañana, de tarde o los dos (todo el día). Cuál es mi sorpresa cuando recientemente me quedo sin comer. Lo que podría haber ocurrido en numerosas ocasiones, porque cuando uno hace mañana y tarde depende de que los demás no piensen solo en ellos. Para evitar problemas y, sobre todo, para no volver a encontrarme en esa situación, he optado por traerme la comida de casa. Ya les conté en la entrada anterior que la mayoría de mis compañeros se pasan el día mano sobre mano y, por si no fuera suficiente, también comen antes de irse o cuando entran en el turno de las 15; incluso se llevan los táperes para sus familias. Y ojo, que esto último me parece estupendo. No soy de tirar comida y, si alguien la puede aprovechar, mucho mejor; pero hay que tener vista y pensar en los demás. No me explico en qué cabeza cabe dejar a alguien que está trab...