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Mi querida Jenny, mil gracias por todo

He estado de viaje, algo que siempre aconsejo: viajar es un aprendizaje. Para mí, llegar a un lugar desconocido, sin entender el idioma, sin teléfono, ni contactos, activa mi conexión con el todo. La gente suele preguntarme si no me da miedo viajar sola, qué voy a hacer si pasa algo, incluso hay quienes me recuerdan que de un accidente de avión nadie se escapa. En cambio, antes de irme sé que irá bien porque cuando salgo de mi zona de confort, siento que no viajo sola, como si una fuerza interior me acompañara. Eso no significa que haya sido perfecto. Claro que he tenido mis más y mis menos. De hecho , tuve una situación que no esperaba. Pensaba que iba a estar en un sitio y, de alguna manera, se podría decir que me echaron nada más llegar. En ese desajuste, sin entender lo que estaba ocurriendo y sabiendo que hay que afrontar lo que venga, pensé que todo pasa por algo y confié plenamente. Fue entonces cuando conocí a Jenny. Una chica hondureña que la vida puso en mi camino y que...

La gente va a su aire

Comentaba en la anterior entrada que me produce tristeza la falta de consideración hacia los demás que, poco a poco, parece haberse instalado en nuestras vidas. No hablo de grandes gestos. Me refiero a cosas pequeñas que hacemos —o dejamos de hacer— y que, aunque puedan parecernos insignificantes, dicen mucho de nosotros. Por eso quiero hacer un llamamiento a quienes ensucian y no se molestan en recoger sus desperdicios. A quienes dejan su bolsa a los pies de la papelera en lugar de llevarla al contenedor.  Sin olvidar a los que buscan en la basura y en el contenedor de la ropa, que lo sacan todo sin contemplaciones y no lo vuelven a meter. Como digo en mi página web : « la basura que dejas en el camino no habla pero dice mucho de ti ». Aprovecho para recordar a quienes depositan su basura por la mañana  —especialmente en verano—, que respetar los horarios evita malos olores durante el día y que las calles se conviertan en un lugar desagradable. A primera hora, cuando s...

La cortesía cotidiana en tiempos de prisa

Estos días estoy doblando turnos en el trabajo porque me quiero ir de vacaciones y, para poder hacerlo, ahora toca trabajar mucho. Tenemos horario de mañana, de tarde o los dos (todo el día). Cuál es mi sorpresa cuando recientemente me quedo sin comer. Lo que podría haber ocurrido en numerosas ocasiones, porque cuando uno hace mañana y tarde depende de que los demás no piensen solo en ellos. Para evitar problemas y, sobre todo, para no volver a encontrarme en esa situación, he optado por traerme la comida de casa. Ya les conté en la entrada anterior que la mayoría de mis compañeros se pasan el día mano sobre mano y, por si no fuera suficiente, también comen antes de irse o cuando entran en el turno de las 15; incluso se llevan los táperes para sus familias. Y ojo, que esto último me parece estupendo. No soy de tirar comida y, si alguien la puede aprovechar, mucho mejor; pero hay que tener vista y pensar en los demás. No me explico en qué cabeza cabe dejar a alguien que está trab...

De El Quijote al móvil: aportar más que estar

Como ya saben, hoy cumpliría años mi abuelo Pepe . ¡Qué curiosa es la vida! Él trabajó en el psiquiátrico y, en julio, me llamaron para cubrir los meses de verano allí. Desde que llegué aunque estoy en otro edificio, le recuerdo en mis pasos: camino por donde él estuvo durante 40 años. Mi abuelo era una persona leída e instruida. Nos contaba que con los residentes hacía representaciones teatrales, como El Quijote . Les daba a cada uno su papel y lo pasaban bien. Siguiendo su inspiración, aunque nuestras interpretaciones sean de cárceles, pistolas, ladrones y policías (los usuarios eligen la temática), pasamos ratos divertidos. Intento que quienes pueden hagan ejercicio , caligrafía, pinten y un sinfín de actividades. Se me ocurren tantas cosas que no suelo irme con la sensación de que podría haber hecho más. Me enfrento a realidades muy complejas y, a pesar de eso, lo más desmotivante es ver a buena parte de mis compañeros sentados con su móvil, esperando a que pasen las horas. Lo que ...

La energía con la que jugamos el partido de la vida

Estos días ha sido el mundial de fútbol, millones de personas de distintos países han estado pendientes del acontecimiento. Sin conocernos hemos compartido nervios, ilusión, tensión y alegría. Durante unas horas, todo parecía concentrarse en un mismo punto. Es difícil explicar lo que ocurre en esos momentos. Cada uno estaba en su casa, en un bar o en un estadio, pero de alguna manera, todos formábamos parte de algo común. Una emoción compartida. Una fuerza colectiva que parece crecer a medida que más gente se conecta con ella. Yo, que soy de España, pude vivirlo de una manera muy especial. Por eso quiero aprovechar este espacio para felicitar a La Roja y agradecerle que nos hiciera vibrar y nos elevara el pasado domingo. Quizá esta sea una de las formas más fáciles de entender lo que muchas tradiciones han llamado energía vital . No necesariamente como un fenómeno que podamos medir o demostrar científicamente, sino como una experiencia que se siente. Y aunque la ciencia no la d...

Felicidades papá

Hoy es el cumpleaños de mi padre. Pensaba que se caracterizaba por un pensamiento analítico, lógico y consciente, aunque ahora sé que posee una gran intuición. Sin embargo, creció sin darle valor  —no la ve confiable—, lo válido es la coherencia y lo que se puede demostrar. De todas formas, su voz interior le avisa cuando algo no va bien, quién no es de fiar, si una situación es peligrosa o simplemente incorrecta. Es esa voz que no habla con palabras, sino con sensaciones, y él le llama suerte. Le gusta celebrar con toda la familia; si falta alguien, prefiere no hacer nada. Tiene una forma muy particular de hacernos reír: lo mismo envuelve un regalo pequeño en una caja gigante que nos emociona con lo que hay dentro antes de verlo. Una vez, hizo creer a mi madre y a mi tía que los Reyes Magos les habían traído un coche a cada una. La broma les llevó a la calle a buscar dónde estaban aparcados. Tras muchas risas, descubrieron dos coches, sí... ¡pero de juguete! Graba vídeos, tal co...

Ángel Murcia

Hoy cumpliría años mi abuelo Ángel. No le conocí pero, como ya les conté en la entrada de Somos historia: explore su legado familiar , he sentido la necesidad de saber de dónde vengo. De la familia de mi padre he aprendido a celebrar y a luchar. Tras la Guerra Civil, la escasez llevó al régimen franquista a implantar un sistema de control de abastecimiento. Mi abuela solía ir a La Innovadora con la cartilla de racionamiento. Durante esas caminatas pasaba por la casa del que fue mi abuelo, quien la esperaba en la puerta para cortejarla. Una vez le compró una gran cesta de flores pero su hermano se la quitó para regalársela a su novia; no se enfadó con él, sino que consiguió otra y, a pesar de que ésta era más pequeña, el cortejo dio resultado. En 1950 se fueron a Madrid a pedir permiso para hacer un horno de leña. Sin tener nada ni conocer a nadie, montaron un puesto en el Mercado de la Cebada; él también repartía telegramas. Un primo suyo le comentó que se iba a Venezuela y mi abu...