Nostalgia y reconexión.

Hoy es el cumpleaños de un gran amigo del colegio. Desde hace más de 20 años, cada 16 de mayo pienso: «Felicidades Pabli. Dondequiera que estés, pasa un feliz día». Esta fecha siempre me llena de amor al desearle lo mejor, pero también de una profunda nostalgia y tristeza al pensar que no he hecho lo suficiente por mantener nuestra amistad.

He decidido liderar una batalla conmigo misma para recuperar a quienes han ocupado un lugar importante en mi corazón. Voy a empezar por tener alguna red social y mirarla de vez en cuando.

A menudo recuerdo con cariño momentos que fueron especiales y pienso en dar señales de vida, pero lo dejo pasar y pasan años. Tal vez mi excusa es que no tengo redes sociales, a excepción de Facebook, que no me quedó más remedio que crearlo para seguir en contacto con algunas personas que conocí trabajando en Costa Cruceros. Sin embargo, no ha servido de mucho; de hecho, hace años que no lo abro. Me frustra tener que renovar la contraseña, sentirme estúpida por no recordarla, no desenvolverme en ninguna aplicación, ni tener interés en aprender.

He estado pensando en las cosas que me quedan por decir. Me gustaría dar las gracias a algunas personas que me han acompañado en ciertos tramos de mi camino. Además, aún tengo que devolver un termo que un chico me dio para que se lo entregara a su dueño en el norte de España. Por mi forma de vivir las experiencias, suelo preferir quedarme el buen recuerdo y evito retomar el contacto. No doy mi número de teléfono, algo de lo que a veces me arrepiento.

Igualmente, tengo cerca a personas que quiero y no les presto cuidado. Incluso sabiendo que, como las plantas, si no las riegas mueren, voy aplazándolo reduciendo el vínculo a felicitaciones de Navidad, cumpleaños, o hasta que lamentablemente muere alguien que tenemos en común y coincidimos en el tanatorio. En mi limpieza de vida, dejando salir lo viejo y creando espacio para lo nuevo, estoy por primera vez seleccionando mis compañías.

Disfruto desconectada de los medios de comunicación y redes sociales, así me siento más conectada conmigo misma. Sin embargo, la realidad es que la vida me ha puesto delante seres de luz —como Pablo— y en ocasiones, yo misma he ido en la dirección opuesta. Ahora me quedo con quienes brillan con luz propia y no con la de otros ni con lo que hacen sombra.

No se trata de ser inseparables, sino de estar separados y que nada cambie.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La cara de la luna.

25/7/25: Agenda vacía. Luna sonriente.

Mi querido abuelo.