Ni antes, ni después: la magia del momento oportuno.
Releyendo este blog desde que lo arranqué, observo el cambio que he ido dando. Tenía clara la idea inicial: centrarme en lo de fuera para poder cambiar lo de dentro.
La intención era adentrarme en los consejos de mi página web e ir incorporándolos en la rutina diaria, dando así los primeros pasos hacia una vida más plena.
Para no caer en la hipocresía de recomendar algo y no hacerlo, puedo decir que lo he hecho y sigo en ello. No desde la perfección ni desde la teoría, sino desde el intento real de aplicar lo que escribía: organizar mi entorno, ejercitar el cuerpo, nutrir la mente, descansar adecuadamente, respirar y vivir en el presente.
El proceso no ha sido fácil y todavía, a veces, se hace cuesta arriba. Durante una larga época, he sentido que me encontraba en ciertas relaciones y entornos contaminados. Alejarme de ahí no era más sencillo que cambiar un hábito. Era tan fuerte el pensamiento de que me quedaría sola, como una voz diciéndome «todo o nada».
Sin embargo, algo curioso empezó a ocurrir: no tuve que forzarlo como imaginaba. Rescatando las palabras de la entrada anterior «no es forzar, es alinear», pero yo no lo sabía.
Simplemente cambié el foco. Lo puse en mí, en lo que quiero construir, y poco a poco, sin darme cuenta, muchas cosas se fueron recolocando como por arte de magia. Algunos lazos, que en otro momento parecían imposibles de soltar, se estaban aflojando por sí solos.
Todo esto me ha llevado, casi sin buscarlo, a vivir mucho más en el presente.
Además, percibo el tiempo de forma muy diferente. De hecho, ni siquiera lo considero como algo rígido dividido en pasado, presente y futuro; es relativo. Estoy comprobando que cuando vivo en el pasado o en el futuro, no domino mi mente.
Por eso, me esfuerzo en vivir el presente de una manera en la que cada momento —que en cuanto pasa ya forma parte del pasado— pueda ser recordado desde un lugar aprendido y trascendido. Sin “es que…” ni “y si…”. Sin queja ni culpa, en lo que sigo trabajando.
La palabra tiempo proviene del latín tempus, que significa “duración”, “período” o “momento oportuno”. Y quizá ahí está la clave.
Cada instante es una oportunidad: la de cambiar la dirección hacia el rumbo que queremos recordar y acercarnos al futuro que deseamos vivir.
Mirando hacia atrás, noto cómo el enfoque se ha desplazado de lo operativo a lo esencial. Lo que antes eran objetivos —deporte, nutrición, orden— se ha transformado en una forma de estar.
He pasado de "hacer" a "sentir", y es por eso que, sin darme cuenta, les he ido compartiendo momentos en los que encuentro pura magia como los paseos con mi perro, mirar la luna, escuchar el mar o incluso algo tan simple como regar las plantas y limpiar sus hojas o sentir las gotas de la lluvia sobre la piel. Si yo he podido reconocerlos y darles valor, es seguro que cualquier otra persona también podrá hacerlo, y verá cómo empieza a conectarse con la vida de otra manera. La magia no está en el futuro, ni en el pasado: está en cada ahora que elegimos vivir.
Todo encuentra su lugar cuando empezamos a transitar el día a día con atención y gratitud.
Hola!! Yo también estoy trabajando en centrarme en mejorar y vivir de forma más consciente. Te conocí por el centro cultural de Sangonera en sus clases de yoga y me gustaría saber si dabas clases de yoga. Puedo contactar contigo de alguna manera? Muchas gracias y un saludo!!
ResponderEliminar