Lo que somos grita más fuerte que lo que decimos.
Antes de ayer fui al cine con mis sobrinos a la "Sala Kids". No sabía que existía hasta que me dijeron que querían ir. Es un espacio diseñado para familias que combina contenido audiovisual con zonas de juego integradas.
Durante la película se hace una pausa para que los niños jueguen. Cuál fue mi sorpresa cuando, al terminar el descanso, algunos menores siguieron haciendo escándalo y varias personas empezaron a quejarse.
Se encararon los padres de los niños que no paraban de hacer ruido con los del «sssh, sssh, silencio» (los “educados”). No fue una discusión cualquiera; nos enteramos todos los allí presentes —nos vimos involucrados— pues empezaron a vocear de malas formas, a levantarse la mano... hasta que llegó seguridad.
Mientras sentía la mala energía que se estaba generando, veía a mis sobrinos entusiasmados: al parecer, el espectáculo de los adultos estaba siendo el ingrediente estrella para los pequeños comensales.
Les cuento esto porque algo que se podía haber solucionado tan rápido como decirles a los chiquillos que volvieran a sus asientos y guardaran silencio, se convirtió en un cúmulo de tensiones completamente innecesario. Es conveniente pausar, respirar conscientemente y evitar la reacción inmediata.
Sabemos que los conflictos son impulsados por el ego y debemos controlarlo, más aún en ocasiones como ésta. Con los más pequeños delante, es fundamental predicar con el ejemplo. Hay que enseñar con acciones, no solo con palabras: ellos aprenden más de lo que somos que de lo que decimos.
Normal que esos niños parecieran caballos desbocados si sus progenitores se comportaban como gallos de pelea. Recordando la anterior entrada, no es de extrañar que los hijos de mi vecina griten si la madre no supo modular el tono cuando me abrió la puerta.
Antes de criticar a un joven, hay que observar a sus referentes, porque lo que hace suele ser el reflejo de lo que aprende de ellos. Por esto, animo a padres y madres a que se conviertan en la persona que quieren que sus hijos sean.
Educar es encender un fuego con la llama de nuestro propio ejemplo.
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