1111
Un día especial 11 del 1 de 2026. En numerología, el 11 es número maestro y, al sumar los dígitos del año, se reduce a 1, creando una combinación simbólica de 1111, asociada con la intuición, los nuevos comienzos y el despertar espiritual.
Hace no mucho, alguien que ha pasado de compañero de piso a ser uno de mis mejores amigos —y que probablemente es quien más me conoce— me dijo con sinceridad que no veía progreso en mí, que llevaba tiempo estancada, sin avanzar.
Ese comentario me abrió una herida. Venía de una persona que quiero, y en parte sentí que tenía razón.
Digo en parte porque desde que conocí a "Motero", recibí una lección de amor propio tremenda. Hace unos tres años, la vida lo puso en mi camino para que me diera una explicación que dolió tanto como enseñó. Seres que llegan con lo que necesitamos... y desaparecen.
Una vez encajadas sus palabras, comencé a adentrarme en mi mundo interior con la esperanza de experimentar el amor propio. Lo que vi no me gustó nada, así que era imperativo cambiar de actitudes. Al principio no sabía si lo que determinaba mis nuevas acciones era ego o amor propio.
Entonces empecé a trabajar una mente que vivía en la lucha constante, que veía separación, diferencias y conflictos; hacia una que se acerca más a la unidad, a las semejanzas y al perdón.
El ego tiene muchos mecanismos para reafirmarse y necesita distinciones. No se trata de destruirlo, sino de aprender a través de él.
Nuestro mundo externo es el reflejo de nuestros pensamientos, y por eso trato de nutrir mis ideas para que aparezca lo que deseo: que mi mundo externo sea un reflejo fiel de mi mundo interno. Hay ocupaciones que no se ven, no se aplauden, ni se pagan y sostienen toda una vida.
Poniendo en práctica la teoría de la relatividad*, cuando es necesario me muevo a diferentes posiciones, cambiando de prisma: priorizo la colaboración antes que la competencia, el perdón en lugar del juicio, la abundancia por encima de la escasez y el servir antes que el tener.
Desde fuera puede parecer que no hago nada: no estoy trabajando, paso tiempo leyendo, escribiendo, meditando, paseando al perro y estando conmigo. No he sido capaz de hacer los vídeos ni de abrir ninguna red social, que era uno de mis propósitos de 2025, y no lo voy a dejar: se ha postergado. Entiendo que esto pueda relacionarse con el estancamiento.
Vivo en el amor y la gratitud, e intento no alimentar al ego. Estoy haciendo lo más invisible y valioso que conozco: aprender a estar en paz.
Hoy tengo más momentos de presencia que de estar en el pasado o en el futuro. Medito y soy capaz de dejar ir los ecos mentales que antes me hacían polvo. Descanso cuando duermo, me siento tranquila.
Y eso que no estoy en el “mejor momento” según los parámetros de fuera —sin trabajo, ni pareja—, pero también ha cambiado lo que para mí significa mejor o peor. No es bueno ni malo, simplemente es.
Ni siquiera se me ha ocurrido pensar si esta situación es más o menos justa, o si mi salida del trabajo fue lo que esperaba; elijo no quedarme atrapada ahí. Lo acepto y, con agradecimiento, valoro la experiencia y el aprendizaje que me ha proporcionado.
Donde hay amor, no hay lugar para el miedo.
*La posición del observador afecta al fenómeno observable y, por lo tanto, al resultado de la observación.
Comentarios
Publicar un comentario