25-11-25.

Entre hojas y flores marchitas, reflexiono sobre cuánto nos aferramos a los momentos impuestos para recordar lo que realmente importa. Nos apoyamos en los calendarios para cumplir con lo que la sociedad considera “obligatorio”. Y sin embargo, la vida transcurre cada día, silenciosa y fugaz, mientras nosotros esperamos la hora prevista para hacer aquello que podríamos haber hecho hace tiempo.

He ido al cementerio y, apenas un mes después del Día de Todos los Santos, pocos se han acordado de recoger las flores que pusieron que ya están secas o las macetas que no han regado y han acabado por morir.

Como suele ocurrir, seguimos la ruta que la sociedad nos marca: señalan una fecha, cumplimos con ella… y luego nos olvidamos. Me pregunto por qué acudimos al cementerio solo ese día, como si una visita al año pudiera sostener recuerdos o un vínculo que fue importante. ¿Hay algo de falsedad —o quizá de autoengaño— en esa rutina? Preparar la lápida unos días antes, poner flores y no volver hasta el año siguiente.

Coincidimos con alguien que apreciamos, nos decimos: “tenemos que vernos…” incluso nos damos el número de teléfono con interés y nunca más se supo. Hasta cuando el hambre es de afecto, dejamos de avivar el fuego.

De igual modo, ¿es la Navidad la que nos empuje a reunirnos con nuestros seres queridos, o San Valentín quien determina hacer algo “especial” con la pareja?

Felicitamos —si nos acordamos— solo en cumpleaños o en ocasiones puntuales, cuando el mero hecho de vivir ya es motivo de celebración diaria.

Hijos que, con los ojos llenos de ilusión, le proponen un plan a sus padres. Y ellos responden: “Para el fin de semana”. El fin de semana llega… y nada; tampoco el siguiente, ni un día cualquiera. Tal vez en vacaciones, si hay suerte.

Y pienso: la vida no es mañana. ¿Es siquiera seguro que estemos aquí mañana?

A veces requerimos un reclamo social para tener un detalle, cuando los gestos verdaderos no necesitan fechas concretas. Les animo a no esperar, hagan hoy lo que planean para después. Celebren, den las gracias, digan “te quiero” y no se vayan a dormir con algo que perdonar.

El homenaje se hace en el día a día: en cómo vivimos, en cómo honramos lo que nos enseñaron, en dar lo mejor de nosotros y en vivir cada momento como si fuera el último.

Y como queráis que hagan los hombres con vosotros, así haced vosotros también con ellos.”

 Lucas 6:31


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