Días de Luna Nueva. La estrella eres tú.

Antes de nada, mil disculpas por haber estado tan desconectada. La verdad es que me está costando sentarme a escribir… pero estamos en mis días mágicos del año, y si no retomo el blog ahora, ¿cuándo? A menos, claro, que la vida me regale otro apagón inesperado, se lo contaré en mi próxima entrada.

Esta semana es especial para mí, y hoy en particular. Hace apenas unos días celebramos el solsticio de verano, ese momento en que el hemisferio norte está más inclinado hacia el Sol y los días alcanzan su máxima luz. En mi tierra, hubo casi 15 horas de sol — ¡guau! — y yo, como cada año, me sentí conectada a esa energía vibrante.

Aprovecho para mandar un abrazo enorme a quienes han celebrado su santo este mes: San Antonio, San Luis, San Juan, San Pedro, San Pablo… ¡Espero que lo hayan disfrutado!

Recuerdo que el año pasado, por estas fechas, hablaba de aquella gran luna llena que iluminaba nuestras noches. Este año, en cambio, la luna nueva nos ha permitido ver las estrellas brillar con toda su fuerza. Las estrellas siempre están ahí, aunque a veces no las veamos, bien porque no se dan las condiciones o simplemente porque no miramos al cielo. Lo que me hace pensar en la vida: tantas veces tenemos todo delante y no lo vemos, ni nos damos cuenta del Ser tan maravilloso que habita en nuestro cuerpo. ¡Aprendamos a cuidarlo y honrarlo como merece!

En la rutina diaria, solemos olvidar: que dentro de cada uno de nosotros hay una esencia, una chispa de vida —llámese alma, Ser, espíritu, energía, consciencia…— que trasciende el cuerpo físico y su apariencia externa.

A veces nos identificamos tanto con la forma, con la imagen, con los pensamientos y problemas cotidianos, que olvidamos que lo que realmente somos es algo mucho más vasto, sereno y lleno de potencial.

Desde marzo siento que esa maravilla que antes no veía, está a la vista, no hay que fabricarla ni buscarla lejos. Solo hay que mirar dentro de nosotros, recordarla, reconocerla. Ese Ser está siempre disponible para ser escuchado y vivido, aunque lamentablemente estamos tan distraídos que rara vez nos detenemos a sentirlo.

Reconectar con nuestro Ser puede devolvernos la paz, la gratitud y el asombro por la vida.

Gracias por estar aquí, por leerme y por seguir encendiendo conmigo esta pequeña hoguera de palabras. Intentaré no volver a desaparecer. Por cierto, no me encanta la palabra “intentar”. Un día escribiré sobre el valor que tienen las palabras. 

En cuanto a mi comentario del apagón, he de decir que después de este hermoso día, el mejor fue esa tarde sin luz del 28 de abril. Si quiere saber por qué lea mi siguiente entrada. 

Dentro de cada cuerpo —más allá de la apariencia, la edad, la salud y el dolor— habita una grandeza silenciosa.

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