Bajo la Luna de la Cosecha: tiempo de nuevas siembras.

    Contemplamos la majestuosa Luna Llena de la Cosecha, la más cercana al equinoccio de otoño. No solo será más grande y luminosa de lo habitual, sino que también teñirá el cielo de colores dorados y rojizos debido a su posición baja en el horizonte, otro regalo de la naturaleza. Este evento celestial, cargado de simbolismo en diferentes culturas, está conectado con el ciclo natural de la vida y las cosechas. Antiguamente, su resplandor permitía a los agricultores trabajar hasta bien entrada la noche. Hoy, la luna llega con un eclipse parcial visible en España: un momento único para detenernos y mirar tanto al cielo como hacia nuestro interior.

    En medio de este bello escenario, me encuentro haciendo introspección sobre lo que he sembrado en mi vida. La metáfora de la cosecha me recuerda que, aunque a lo largo del tiempo he cultivado muchas cosas en mi entorno, sigo sintiendo que no he plantado lo suficiente en mí. Curiosamente, mis "semillas" actuales son de mejor calidad, y la "tierra" de mi Ser es fértil. Sin embargo, aún me cuesta mucho cultivar para mí, mientras que invierto gran esfuerzo en plantar a mi alrededor.

    Suelo elegir terrenos inadecuados, dedicando energía en relaciones o proyectos que no me nutren; los frutos que recojo no son malos, pero tampoco excepcionales, así que el vacío interior persiste, demostrando que no se puede llenar lo de dentro con lo que viene de fuera, como comentábamos en la anterior entrada.

    Dice la sabiduría popular: "quien siembra, recoge", y no podría estar más de acuerdo. Lo que cultivamos, de una u otra forma, vuelve a nosotros. Las leyes de la naturaleza se aplican a la vida. La injusticia produce desgracias, y entre vientos encontramos tempestades. De igual manera, si cultivamos amor y gratitud, tarde o temprano recogeremos buenos frutos.

    «Pero esto digo: El que siembra escasamente, también escasamente segará; y el que siembra generosamente, generosamente segará» (2 Corintios 9:6).

    Hay personas que plantan lo mismo y quieren resultados diferentes. Otras, siembran poco y esperan recoger mucho. Incluso, a veces, nos encontramos en lugares donde sabemos que no podrán crecer nuestras semillas. Como en un ecosistema: cada siembra tiene su momento, y cada cosecha su recompensa.

    Le invito a hacer una pausa y a preguntarse: ¿Qué está sembrando en su vida? ¿Está cuidando su terreno personal? ¿O se dedica a plantar en campos ajenos, olvidándose del suyo? 

    También es importante cuestionarse de dónde nos nutrimos: las compañías que elegimos, los ambientes en los que nos movemos y los pensamientos que tenemos influyen directamente en la fertilidad de nuestra tierra interior.

    La luna ilumina tanto los campos como nuestras almas. Sembremos conscientemente y recordemos que el trabajo personal es la clave para llenar los vacíos que el mundo exterior no puede sanar. Los días y las noches pasan, pero las semillas que plantemos hoy podrán cambiar nuestra vida mañana.

La transformación es auténtica cuando brota del Ser, y la abundancia florece desde adentro.


Comentarios

  1. También conocida como Singing Moon, (luna cantora) ya que en esta época lo tradicional es cantar a los cuatro vientos en agradecimiento por los dones que la Naturaleza nos proporciona.

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  2. Siento haber tardado tanto tiempo en responder. Me hizo tremenda ilusión leer tu comentario, y lo recuerdo con mucho cariño; es un pequeño regalo que llegó a mi blog.
    Muchísimas gracias por compartir esa información tan bonita sobre la Singing Moon. No la conocía, y me ha encantado aprender un poquito más. ¡Mil gracias!
    Gracias también por leer mi blog y tomarte el tiempo de escribirme. Tengo como propósito contestar con prontitud, para que estas conexiones sigan iluminando el camino que compartimos.

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