Junio
Es el mes que más me gusta del año, nos regala días largos y luminosos. Me encanta cómo la claridad se extiende hasta tarde, cubriendo cada instante de calidez y energía. Originalmente era el cuarto mes del calendario romano. En España, el día más largo y la noche más corta coinciden con el solsticio, que este año será el 20 de junio, marcando oficialmente el inicio del verano en el hemisferio norte.
Lleno de celebraciones: Santa Noemí, San Ismael, San Antonio, San Luis, San Juan, San Pedro y San Pablo, entre otros. Además, se conmemora el día de la Región de Murcia, el santo de mi padre, el cumpleaños de mi abuela y el mío. ¡Es un mes total!
Junio es un espejo de estaciones y emociones: máximo esplendor en el hemisferio norte. Por el contrario, en el hemisferio sur, se produce el solsticio de invierno, el día más corto, invitando a la introspección. Verano en el norte, invierno en el sur, calor y frío, expansión y recogimiento; mientras unos celebran el brillo que todo lo acaricia, otros se acurrucan en la penumbra que también nutre.
La astronomía evoca la conexión con el universo. El Sol recorre Géminis durante gran parte de junio y se adentra en Cáncer hacia finales del mes. Las lluvias de estrellas iluminan las noches. La maravillosa inmensidad del cielo es un pequeño recordatorio de nuestra pequeñez.
El nombre del mes, Iunius, tiene raíces que se pierden entre la historia y la leyenda. Algunos lo atribuyen a la diosa Juno, protectora del matrimonio; otros al joven Lucio Junio Bruto, fundador de la República romana; y otros al concepto de iuniores, los jóvenes, en contraste con mayo, dedicado a los mayores. Símbolo de vitalidad, de comienzos y de fulgor. Se representa a menudo como un joven señalando un reloj solar, con una antorcha encendida en la mano, recordándonos que los días comienzan a ser más cortos, aunque todavía nos ofrece calor y plenitud.
Tiempo de transición y celebración, donde la luz y la sombra conviven en equilibrio. Cada día invita a disfrutar de lo cercano y de lo familiar, atesorar los momentos que nos conectan. Bajo esta iluminación extensa y brillante, es fácil sentirse parte de un todo mayor, recordar que nuestras vidas reflejan ciclos de expansión y recogimiento, de movimiento y quietud.
Cuando junio llega, afilar la hoz y limpiar la era.
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