Endulzar o agriar el día de otros está en nuestra mano

    No pensaba escribirles hoy, pero quiero compartir mis primeras horas del día porque lo vivido esta mañana refleja lo que marca la diferencia entre las personas. Hay quienes parecen haber nacido con el "chip" de la negatividad, mientras que otros irradian positivismo. 

    Sé por experiencia que la mente es posible entrenarla; además, muchos especialistas aseguran que se trata de habilidades que se pueden desarrollar. Por eso, animo a aquellos que suelen drenar la energía de su entorno, a las personas propensas a estar tristes o desmotivadas, y a las que se enfocan más en los problemas que en las soluciones, a que ejerciten su cerebro.

    Anoche fui a cenar al campo de un amigo, como siempre acompañada de mi querido perro, quien se ha levantado cojeando de una pata trasera. La gente que se ha cruzado en nuestro paseo matutino (venían por sí solos: sin que nadie les llamase) afirmaba que lo que le pasaba al perro era grave, incluso uno de ellos dijo que seguramente iba a morir. 

    No pienso que tuvieran intención de amargarme el día, sino de compartir sus vivencias. El primero que ha visto al perro cojear me ha dicho: «Mi perra empezó así y tenía un tumor. Al poco tiempo, murió». Una señora se ha interesado por la edad y, al saberla, me ha soltado: «Estos perros no duran mucho, el mío era igual y murió un año antes». 

    He llamado a mi amigo para preguntarle si podría haberle mordido una culebra o picarle un bicho, y dice que por allí no hay animales venenosos, solo leishmania. Su vecino me ha indicado que le dé ibuprofeno. Por momentos, notaba que me subía el cortisol, llegaba la ansiedad y una enorme tristeza. 

    Entonces he llamado a Jorge, uno de esos seres que la vida nos pone en el camino para que, quienes hemos dejado de creer en las personas, volvamos a hacerlo. 

    Le he contado la historia —con su voz agradable y sensible— de inmediato ha visto la solución sin plantearse siquiera el posible problema. 

    En una coherente y relajada conversación, he aprendido que la leishmania no da la cara (no se manifiesta) al día siguiente y que el ibuprofeno no es bueno para los perros. Un tumor se diagnostica tras un previo estudio y la vejez de los animales, al igual que la nuestra, está muy relacionada con la vida que hayan tenido, lo que también ha mencionado Jorge en un tono tranquilizador y reconfortante.

    Cuando he terminado de hablar con él, he respirado con consciencia, le he dado gracias a la vida por sus sabias palabras y me he dicho a mí misma «baja el cortisol, sube la oxitocina». 

    Compro en su clínica solo por verle aunque he de decir que todos forman un excelente equipo. Entrar en su establecimiento me llena de energía. Su presencia, junto con la de sus compañeros, crea un ambiente de alta vibración. Personas que cuando estamos con ellas nos vamos con el corazón un poquito más alegre.

    A menudo veo a gente jugar a ser médicos y aconsejar medicamentos o dietas*, cuando lo más fácil y sensato es recomendar ir a un especialista. Tener mascota no nos hace veterinarios. 

    Le invito a contagiarse de estas personas y buscar soluciones en lugar de lamentarse por los problemas, fomentando un enfoque proactivo y constructivo ante las dificultades. Mentes humildes que inspiran a superar los miedos y a buscar nuevas oportunidades para crecer y aprender.

 La verdadera grandeza está en nuestra forma de ser.

 

*Aprovechando que estamos entrando en el verano, en esta época del año hay "dietas ideales" por todas partes, como ya dije en la entrada Transforme su bienestar paso a paso: «Olvidémonos de la idea de una "dieta milagrosa"… ponerse en manos de un profesional que nos haga una dieta personalizada». 


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